Óleo sobre lienzo que reproduce una imagen de la falúa o góndola del Consulado de Bilbao, una embarcación de carácter institucional empleada por las autoridades en las visitas jurisdiccionales por la Ría y en las celebraciones religiosas y festivas de la Villa.
El cuadro ostenta una cartela que identifica el barco representado como la góndola que el Consulado hizo fabricar antes de que se construyese el edificio del ayuntamiento, comenzado en 1675.
La autoría de esta obra se atribuye al pintor bilbaíno Francisco Bustrín, según la investigación de Domingo Guzmán en su obra El Consulado de Bilbao (1979). No obstante, la identificación del artista presenta complejidades historiográficas debido a la coincidencia de varios artistas de igual apellido —Francisco, Nicolás y Miguel Gregorio— activos y vinculados al Consulado de Bilbao entre los siglos XVII y XVIII. Según el historiador Javier Viar, nos encontramos ante el primer óleo de temática bilbaína conocido y la pieza fundacional de la iconografía local producida por un autor autóctono.
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